8/30/2015

Silencio egoísta.

Hace ya tanto que no se lo más mínimo de ti que ni espero señales, ni apenas puedo sufrir por todas las veces que lloré hasta no poder ver más que las noches que tal vez perdí sobre tu piel. No tuve más remedio que irme, aún así, no volviste ni siquiera para hacer más digno el fin.
Y aunque pienses "me odia" no llego a ese extremo, me odio a mi mismo por haberte echado tanto de menos. Ya no temo no saber jamás porque no diste explicaciones, te acordarás de mi cuando el autoengaño te abandone, pues no se puede huir siempre de la conciencia sucia, si queda algo de justicia un día has de añorar mi presencia. Hasta que al menos vomites el perdón que ya ni necesito, pero que es exigido por aquellos días tan bonitos.
Fuí como un niño al que van a gasear pero le dicen que sólo así podrá conquistar la libertad. ¿Y al final tantas noches para qué? Si te has ganado a pulso que este iluso no te vuelva a ver e imagino que mucho no te importará si ahora con él te sientes casi inmortal. O quizá un día llores desconsolada por haberme tratado así,  quizá necesites mis palabras ante la emboscada del silencio más hostil.

8/15/2015

Todo sabe a poco.



"Si ella se va curtiremos el odio, declaremos la guerra, porque no sé, quizás nos sintamos mejor aunque... Yo creo que no, yo creo que como todas las canciones de amor esta también está llena de mentiras y cuando decimos que ella se va, lo que queremos decir es que si te vas, que no sea muy lejos ni por mucho tiempo".

10/25/2014

El albatros

A menudo, por divertirse, los hombres de la tripulación
cogen albatros, grandes pájaros de los mares,
que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
al navío que se desliza por los abismos amargos.
Apenas les han colocado en las planchas de cubierta,
estos reyes del cielo torpes y vergonzosos,
dejan lastimosamente sus grandes alas blancas
colgando como remos en sus costados.

¡Qué torpe y débil es este alado viajero!
Hace poco tan bello, ¡qué cómico y qué feo!
Uno le provoca dándole con una pipa en el pico,
otro imita, cojeando, al abatido que volaba.

El Poeta es semejante al príncipe de las nubes
que frecuenta la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo en medio de los abucheos,
sus alas de gigante le impiden caminar.

  

- C. Baudelaire                                                                              Las flores del mal (Esplín e ideal, II)   

10/24/2014

A propósito del aguanieve...

Mi vida era ya lo que es hoy: una vida sombría, desordenada y ferozmente solitaria. No tenía relaciones, no cruzaba la palabra con nadie y sólo pensaba en ocultarme en mi rincón. [...]
[...] Ahora me parece que, impulsado por una vanidad desmesurada, me exigía demasiado y me miraba a menudo con una especie de desdeñosa irritación que rayaba a veces en la repugnancia, y así llegué a persuadirme de que los demás me miraban con los mismos ojos. Mi cara me parecía detestable. La veía innoble, e incluso consideraba que tenía cierta expresión cobarde y vil. y justamente por eso, al entrar por la mañana en la cancillería, hacía un gran esfuerzo para adoptar un aire independiente y, temiendo que me creyeran cobarde, trataba de dar a mi rostro una expresión lo más noble posible. [...]
Naturalmente, odiaba y despreciaba a todos los empleados de la cancillería, desde el primero hasta el
último; pero creo que, al mismo tiempo, los temía. A veces, incluso los colocaba por encima de mí. Estas cosas ocurren siempre en mí repentinamente: tan pronto desprecio a una persona como la elevo sobre encima de mí. El hombre honrado y culto no debe ser vanidoso si no extrema el rigor consigo mismo y se desprecia a veces hasta el odio. Pero yo, cualesquiera que fuesen mis sentimientos de desprecio y de respeto, bajaba los ojos siempre ante todo el mundo. Incluso hacía de vez en cuando experimentos. ¿Sería capaz de soportar la mirada de éste o aquél? Pero todas las veces bajaba la mirada. Aquello me atormentaba hasta la locura. [...] [...] Había otra circunstancia que me atormentaba sin cesar. No me parecía a nadie y nadie se parecía a mí. «¡Soy único, mientras ellos, son todos!», me decía. Y al punto empezaba a reflexionar...


- F. Dostoievski                                                                Memorias del subsuelo (2ª parte, cap.1)


8/13/2014

Para VOSOTROS, NADIE.

No me basta con que el rayo ya no cause daño. Yo no quiero desviarlo: debe aprender a trabajar para mí.
Hace ya mucho tiempo que mi sabiduría se acumula como una nube, se vuelve más silenciosa y oscura. Así hace toda sabiduría que alguna vez debe parir rayos.
Para estos hombres de hoy no quiero yo ser luz ni llamarme luz. A éstos, quiero cegarlos: ¡rayo de mi sabiduría! ¡Sácales los ojos!


  
(Del hombre superior, 7 / Así habló Zaratustra)                             - Friedrich Nietzsche